13/4/10

Las Fiestas


La verba en tres mora en Burzaco. Tiene un póster del Che, un wincofon disfrazado de mesa y más palabras que espacio. La ventana es mal soldado de nuestra saña, deja escapar las voces, y a veces otea los rincones en busca del cuarto sonar, perdido.
Los tres se aman, porque se parecen, y así se aman a si mismos. Así es con ellas, a paso vivo, así es con él en la espera.
Todo es para los cuerpos; los tres, como tres perros; como magnolias, si hubiera tres, engalanan los espacios. Se merecen, bailan, tienen nombres hermosos que no se pronuncian, y beben.
Hasta la muerte tiene un guiño obsceno en nuestra mesa, lecho final para cualquier viso de solemnidad gratuita. Colmados de sus tres lenguas, corridos por las manecillas, no se dan los besos ni se acarician los senos; Espora se aquieta, recibe la caridad de sus pasos, se agazapa, quiere ver si se prometen los ritos que esa noche no urdieron, quiere espiar el triángulo de placer y soberbia, quiere oírnos gemir. Ellos -nosotros- traman el más ínfimo pesar de los ausentes, los hacen añicos por imbéciles, por santurrones anacrónicos, por sus festejos tardíos.
Todo es para el viento; los tres, como tres gatos; como pimientas, si hubiera tres, riegan sus dedos. Profesan su fe de zaguán, hacen una a la moral, se ríen de Dios y de los muertos.
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9/4/10

Enriquez


Soy hija del pudor que doblegamos.
Esta ansiedad impune,
que deviene en reflexión, en ira,
en el flagelo de las fauces,
esta conciencia del pecado,
el gustoso recuerdo del delito,
y no arrepentirme.
No hay paz en borrar el tormento que me diste,
no hay abrigo en olvidar el despojo.
Nada es mejor sin haberte padecido.
Es inútil, probar, de un zarpazo, quitarte.
¿Cómo explicar si no,
el triunfo de vivir cada mañana?.
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8/4/10

Canicas


Vamos.
Afuera se escucha la traición del cielo,
esa cortina de supuestas bendiciones
que hoy nace con la impertinencia
de no traerme tu recuerdo,
de no pulular en mi sexo
hasta provocarme el sollozo.
¿Era posible, finalmente,
sobrevivirte, amor?
¿Verdad que el recuerdo es de porcelana
y se vulnera rompiendo los espejos?
Verdad.
Como que la ceguera
deviene en revancha
y el triunfalismo me tira en loba.
Culpables por la demora
las golondrinas, el pan y los peces, se muestran,
seguramente de mañana,
en verano o invierno.


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6/4/10

José


Como de un no ser, José volvió. Y lo encontré en sus dedos ardidos, en un cerrojo de trasnoche y en el beso profundo, guarecido de la luz incauta, huidizo, perpetrado tras mi pelo.
Cuando José no es, las palabras se atiborran, se pisan con saña entre sus dientes, se paren amorfas, teñidas de sal. Pero no hoy, que abofeteó el letargo. Hoy su boca no granjea enemigos, sus manos asen cantatas dormidas, las despabila una a una, a ojo de buen cubero; los brazos se funden en el arma fiel. Hoy Zeballos acunó el paso quedo, vio morir incesante el tabaco, asistió a esa tertulia de bar improvisado, pero sin mesas, que une a los caminantes al unísono.
Allá, la niña duerme, más cerca, el padre ha muerto; acá la piedad pagana aplaude sus milagros sin Dios, libra una orgía de cuerdas, estriñe los cristales, lo expía de sus fracasos y sus omisiones, lo invita a ser, otra vez.
Así es el barrio cuando José es; sonoro, profano, viscoso. Tiene sabor a malta, a café con Legui, quizás. Se vuelve cobrizo o gris, según la voracidad de sus ojos. El viejo puente es una postal vigía del tiempo que será, de los amaneceres que lo espíen tarareando lamentos o fanales que diluyan la desesperanza. José volvió, como de un no ser, y aquí estaba yo, esperándolo.
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5/4/10

Urbano


Amor porteño,
olor a Buenos Aires.
Horadar mediocre
de fango y empedrados,
copia inexacta de un imposible,
fanal de ciegos.
Sos un tango que sube por la entrepierna,
un lamento que enloquece,
mezcla de queja y plegaria.
Quiero que te vayas,
pero antes jugá en mi lumbre,
nunca es tarde para odiarte,
si en resumen, amor,
no hacés más que sorberme la vida (de a poco),
abusar de cada uno de mis flancos,
como esta pompa de luces y asfalto.
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