29/7/10

Las Ganas


Es temprano todavía, pero la cama ya me duele. Miro el mundo acotado y silencioso que me circunda. El techo, y el ventilador que le nace desde el medio. La mancha de humedad mordiendo la pared del placard. Las cortinas que disimulan muy mal el sol. Mis zapatos bajo una silla que oficia de perchero. Los pies de la cama, y los míos. La mesita que sostiene el rosario. Todo se amortaja aquí, esperando que algo ocurra. Y hoy ocurrirá. Lo se entre la garganta y el esternón. Los saben los dedos encogidos de mis pies, y el ansia que disimulo tapando una mueca con las sábanas.

Me levantaré resuelto, en busca de pan tostado y queso y té. Trataré de comer despacio y que el tiempo pase, pero se que será imposible. También será imposible pensar en otra cosa. Ocuparé las manos y los ojos, y en cada distracción otra vez, obstinada y perniciosa, tu imagen; y yo mirando la nada, y se me anudarán las tripas dividiéndome el cuerpo en dos, y en seguida sacudiré las manos como sacando un agua que no existe, y haré caminitos en mi pelo para ahogar los dedos que no descansan. Buscaré un libro, o revisaré las cuentas de la luz, o haré garabatos horribles en un papel importante porque ningún sentido podré darle a mis actos, salvo que me resigne a pensar en qué te diré. En qué diré cuando me abras la puerta, y cómo te daré las flores; si muy cerca de la puerta, o alejado, simulando interés en un perro falso que te describiré como el más grande del mundo, con una sonrisa que intentaré relajada, con una ligereza que deberé actuar para que creas que todos los días tengo citas con mujeres que me sacan el hambre y el sueño, como vos. O mejor sin flores, para evitar la solemnidad del saludo, y pueda aquietar las manos en los bolsillos (que deberé coser). Y ahí un beso, o dos. No, uno. Y un buen día y un qué cielo hermoso se me escaparán de los labios, seguramente con una torpeza que no podré ocultar. Temeré escupirte, de modo que ni bien cierre esa frase estúpida, buscaré frenéticamente con los ojos un rastro de baba. Se me ocurrirá ser audaz y mirar la redondez de tus pechos o el borde abismal de tus labios, pero esa idea se irá pronto porque ahí estaré perdido; casi podré caer en el tamaño de mis fosas abiertas, cada vez más abiertas, detenidos los ojos en tanto pecho y tanta boca, todo para mi. En fin, se irá esa idea, y seguiré el brinco de tu pelo, y rogaré al Señor que digas algo para sacarme de este infierno de temer mi propia nada. Y me dirás que pase, y diré que no, sonriendo sin sentido y queriendo decir si, y alzarás el ceño con extrañeza, porque esperabas que diga si, aunque tu invitación sea solo por galanura. Entonces no sabrás por qué aceptaste ir a caminar al parque a plena luz del día con un hombre tan torpe. Y yo sabré lo que piensas porque es lo mismo que me martilla el seso.

Después todo será como en mi vida. No te daré la mano a causa del sudor y por más de una cuadra no sabré qué decir. Notarás la duda que esconde cada uno de mis movimientos y el deseo agónico de escapar del error. Sabrás que mi día estuvo lleno de esta cita, y que me invade un vacío hambriento y urgente. Lidiarás con una tos leve, mirando las copas de los árboles, y me daré a una carrera por distraer las verdades que se te revelan. Imaginarás que me masturbo, que ceno arroz hervido, y que rezo con los ojos muy apretados antes de dormir. Y yo pequeñísimo, caminaré a tu lado, hablando de los pájaros. Cada paso en el parque me acercará al final, a la absoluta certeza de haber arruinado todo. Y en esa instancia en que ya nada queda por hacer, se me dará por hablar sin pausa y sin pasión, hasta llegar a la esquina donde me dirás que debes volver. Y otra vez la bendición de tu mejilla, esta vez, la última. Te veré alejarte, con toda la lógica del mundo pesándome en los hombros. Con una mano extendida hacia la nada, bordearé tu imagen que se hace pequeña, como dibujando la perfección de tu talle. No podré moverme hasta que desaparezcas, y temblaré bajo el abrigo, sabiendo que es justo todo lo que ha ocurrido.

No hay queso ni pan para tostar. El sol que burla las cortinas me molesta, pero la quietud me tiene a salvo. No tiene caso salir a arruinar todo. Aquí me quedaré esperando que algo ocurra. Y mañana ocurrirá, quizás. Lo se detrás de los ojos, bajo las sábanas que me cubren la boca rigurosamente cerrada. Será mañana o pasado, cuando por fin no lo arruine, cuando vuelva a convencerte de salir a caminar al parque, a plena luz del día, con un hombre no tan torpe.
* * *

8 comentarios:

  1. Esto se está poniendo bueno. Muy bueno...

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  2. Gracias, bellísima! Y tanto que te debo por este vicio de las palabras...

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  3. Realmente impecable. En serio. Es sobervia la descripción que haces. Precisa. Contundente. La foto exacta de la moral vencida. Un hombre desgarrado. La cama. Es una foto, Pame. En tres dimensiones. Increible el amor propio fragmentado. Ahi. En lo tridensional del relato. Ahí. Realmente impecable.
    Digo fotos porque haces que me lo imagine tan bien. Tan al detalle.
    Encantado de leerte. Como siempre.
    Besos!

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  4. Nacho, no sabés lo que me alegran tus palabras. Es increible la sensación de poder pintar un mundo con palabras. Gracias por leer mi pincel, gracias como siempre.
    Besos!

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  5. Uno puede meterse en el texto, experimentar esa sensación de quietud, neurosis, esperanza, resolución imaginaria de la duda.
    No sólo uno puede meterse en el texto, sino empaparse en él. Identificarse con ese narrador que ya anticipó la jugada...y perdió.
    Y hay que volver a cero y creer que mañana, quizá...
    Todo esto es logro tuyo, de la magia en la narración, de la prolija descripción con que transformás el relato. Un placer leerte, Pame.

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  6. Diego! El placer es que me leas. No puedo explicarte el aliento que son tus palabras. Que por un momento sientas la quietud que imaginé, la vergüenza del personaje, su frustración, la imposibilidad de abandonar la cama (aún con sus ganas), es el más grande de las recompensas.
    Gracias por leer, y sobre todo, por renovar las ganas de escribir.

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  7. El Amor tiene cara de neurosis: desde el terreno de la psiquis has construido un relato sobrio, profundo y moderno: el Amor de un Hamlet contemporáneo luchando por poseer a una Ofelia que no se deja corresponder...en estos tiempos de vorágine y consumismo, la duda y el monólogo interno son malos consejeros, y máxime cuando se trata de Amor. Una habitación pobre, un traje raído y un corazón puro no son buenas armas para hacer caer las almenas que protegen el corazón de la amada...quizás entonces sea mejor esperar el mañana, cuando Hamlet deje de ser Hamlet y se transforme en un héroe de publicidad...Bello relato Pame, me recuerda a una persona que conozco demasiado...(los perdedores cavilamos mucho pero amamos más aún)...Abrazo, he vuelto a disfrutar.

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  8. Los perdedores no temen perder, y eso, mi querido, es ganar.
    Ganan los que aman, nunca lo olvides.
    Gracias por tu inteligencia, por tu porción de amor y por el dejo de locura.
    Gracias!

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