27/5/11

La Muerte de las Gotas


Una gota cae, insalvable. Tan alto es su abismo que los ojos mortales no ven su origen. Cae irremediable. Y la muerte la hermana a otro millón de gotas, tan muertas e irremediables como ella, en destino, en caída y en desconsuelo. Ni un segundo deja de caer. Llueve.

Llueve y nada se revela. Todo llueve en una armonía bucólica. Los objetos y los seres, como corresponde, llueven. Sin queja, con aplomo y verdadero compromiso de lluvia, como adueñándose de unos brazos abiertos, llueven y se dejan llover, porque el mundo así funciona.

En busca de su muerte van, como todo aquí. Como vos. Con el método abreviado del amor (que ama sin más ni más) hallan su lecho. Una en la estatua, perpetrará el musgo. Se hará abrigo en el yeso y aire de dejadez. Vejará el blanco solemne y ahuyentará las manos delicadas.

El agua y los malvones, quietos por igual, encarcelados por igual, yacen inmersos en sus verdugos. Amurallados, aguardan dentro de la fuente y de la maceta la lluvia que les toca. Las gotas, sin efusión, allí morirán rápidamente. Pronto habrá una dispersión unánime. La uniformidad será voraz e incurable.

Llueve sobre mí y sobre el bote escondido adrede, para que no escapes. Sobre los juncos, que me son cómplices, y sobre el rencor lento y húmedo que me recorre todo el cuerpo. Sobre la fotografía deshecha en mi manos, sobre tu rostro, regado en los fragmentos. Llueve también en la distancia que me separa del techo que te guarece, en el muelle atorado de agua. Y cada paso será un espasmo, una muerte propia y ajena, mía y de las gotas. Yo hacia la verdad, ellas hacia el cauce, moriremos presas de la misma fatalidad.

Allí, en el único lugar donde no llueve, un hombre penetra tu cuerpo y pare un río. Te corroe como la lluvia a las tinajas, te crece adentro como un miedo o una fe. Te profana con permiso y sin pudor. Adentro tus gemidos, y afuera la lluvia ensordecen mis pasos y mi furia. Igualados en el destino, las gotas y yo, nos escurriremos hasta esa habitación donde no llueve, y haremos justicia. Yo te mataré y las gotas mojarán la alfombra.


* * *


Galardonado con el 2º Premio en Narrativa en el VII Concurso Bonaventuriano convocado por la Universidad de San Buenaventura, Seccional Cali, Colombia. La convocatoria ha contado con la colaboración de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escnénica (CIINOE).

17/5/11

Unos dedos


Hay unos dedos que crujen
silencio,
que debieron, deben, debieran
decir.
Unos dedos de omisión y felpa
de crujir de lerdos,
unos dedos de nunca en la llaga.
Unos que podrían hacer
audible el gatillo
de mostrar la flor, la raíz,
una ventana por la que se ve.
Que podrían la letra y la verdad,
y sin embargo.
Sin embargo la pólvora que arde
cuentan los dedos de felpa,
la brújula descompuesta, que vomita siempre al sur.
Cuentan el color del cuerpo,
los jaques.
Las moscas que sobrevuelan
al linyera, esas cuentan.
Cuándo es que lo dedos son veraces,
cuándo es que veraz es miserable,
cuándo es que miserables son los dedos
que cuentan hijos nacidos.
Cuándo es que los hijos nacidos
han dejado de importar.
Cuándo.
Cruje en verdad
la mirada que dice podredumbre,
pueblo flaco,
puta enferma,
inmigración.
Cruje contar
lo de amoral y sacrílego y peste
que tiene la mañana,
el martes
o Septiembre.
Y cualquier día y cualquier hora
en que unos dedos
crucen unos labios
y llamen a silencio.

* * *